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domingo, 11 de junio de 2017

Landon Gibson

Nothing More  #1

Rascacielos de Nueva York y el ritmo agitado están muy lejos de donde Landon Gibson se crió, y la transición a la Universidad de Nueva York ha sido discordantes. Pero se ha de conseguir la caída de las cosas, encontró un trabajo que paga (algunas de) las cuentas, disfruta de la escuela, y sólo de vez en cuando se encuentra con su ex, Dakota. Ya sabes, la que él eligió para NYU ... antes de que ella lo dejó.

Por suerte, su mejor amigo, Tessa, comparte un (terriblemente pequeño) apartamento de Brooklyn con él. Y teniendo en cuenta los altibajos que ha tenido con su propia ex, ella es un buen oyente cuando se encuentra en una especie de triángulo, un amor amor nudo ? Sea lo que sea, es un desastre. Un desastre emocionante. Tal vez un desorden adictivo, debido a chicas hermosas.

Ser joven y encontrar su camino en el mundo es duro. Landon siempre ha sido una persona positiva. Pero como un fuerte, exigiendo ciudad tan lejos de casa significa que sólo recibe con un poco de ayuda de sus amigos. Y un buen par de auriculares.

Landon va a estar bien ... pero el viaje seguro será divertido ver



Nothing Less #2    

Libro 2 de una nueva serie protagonizada Después de todo el mundo favorito de los fans Landon Gibson cuando sale de Washington para navegar por el amor y la vida en la ciudad de Nueva York. Al final de la Después siempre feliz , Landon se casó, pero los lectores de todo el mundo han estado preguntando quién será llamar al muchacho más bonito de la serie Después de su siempre el amor? Leerlo y descubrir!

viernes, 1 de julio de 2016

After #4

Hardin
Muchas veces en mi vida he tenido la impresión de que que sobro, de que estoy fuera de lugar en el peor sentido posible. Mi madre lo intentaba, lo intentaba con todas sus fuerzas, pero no era suficiente. Trabajaba demasiado. Dormía durante el día porque se pasaba toda la noche en pie. Trish lo intentaba, pero un niño, y más un niño perdido, necesita a su padre.
Yo sabía que Ken Scott era un hombre atormentado, un hombre sin pulir que aspiraba a ser alguien y al que nunca le impresionaba nada de lo que hacía. El pequeño Hardin —el niño que trataba patéticamente de impresionar a aquel señor alto cuyos gritos y tambaleos inundaban el reducido espacio de nuestra casucha de mierda— estaría encantado ante la posibilidad de que aquel
hombre tan frío no fuera su padre. Suspiraría aliviado, cogería su libro de la mesa y le preguntaría a su madre cuándo iba a venir Christian, el señor agradable que le hacía reír y que le recitaba pasajes de libros antiguos.
Pero Hardin Scott, el hombre adulto que lucha contra la adicción y la rabia heredada del vergonzoso padre que le fue impuesto, está furioso de la hostia. Me siento traicionado, confundido y cabreado de cojones. No tiene sentido. No es posible que este típico culebrón televisivo de padres intercambiados me esté pasando a mí en la vida real. Recuerdos que había enterrado resurgen a la superficie.
A la mañana del día siguiente de que una de mis redacciones fuese seleccionada para el periódico local, oí cómo mi madre decía con orgullo y ternura al teléfono: «Sólo quería que supieras que Hardin es brillante. Como su padre».
Eché un vistazo al pequeño salón. El hombre de pelo oscuro que estaba inconsciente en el sillón con una botella de licor marrón a sus pies no era brillante. «Es un puto desastre», pensé al ver que se
despertaba, y mi madre colgó rápidamente el teléfono. Hubo numerosas situaciones de este tipo, demasiadas como para contarlas, y yo era demasiado estúpido, demasiado joven para entender por qué Ken Scott era tan distante conmigo, por qué nunca me abrazaba como solían hacerlo los padres de mis amigos con sus hijos. Jamás jugaba al béisbol conmigo ni me enseñó nada más que cómo ponerse ciego de alcohol.
¿Pasé por todo aquello para nada? ¿De verdad Christian Vance es mi padre real?
La habitación me da vueltas. Miro fijamente al hombre que supuestamente me engendró y algo en sus ojos verdes y en la línea de su mandíbula me resulta familiar. Veo cómo le tiemblan las manos al apartarse el pelo de la frente y me quedo helado al darme cuenta de que yo estoy haciendo exactamente lo mismo.

After #3

Tessa
Contemplo el rostro familiar de este extraño y me invaden los recuerdos.
Yo solía sentarme aquí a cepillarle la melena a mi Barbie rubia. A menudo deseaba ser la muñeca:
ella lo tenía todo. Era guapa, siempre iba arreglada, siempre era quien tenía que ser. «Sus padres deben de estar muy orgullosos de ella», pensaba yo. Allá donde estuviera, seguro que su padre era el
presidente de una gran compañía y viajaba por todo el mundo mientras su madre cuidaba de sus hijos.
El padre de Barbie nunca llegaba a casa tambaleándose y chillando. No le gritaba a la madre de Barbie tan alto que tenía que ir a esconderse al invernadero para escapar de los ruidos y de los platos que se hacían añicos contra el suelo. Y si, por casualidad, los padres de Barbie reñían, ella siempre tenía a Ken, el novio rubio perfecto, para consolarla... hasta en el invernadero.
Barbie era perfecta, por eso tenía una vida perfecta y unos padres perfectos.
Tengo delante a mi padre, que me abandonó hace nueve años. Está sucio y demacrado, nada que ver con como debería ser. Nada que ver con mis recuerdos. Me mira, una sonrisa se dibuja en su cara y me asalta otro recuerdo.
La noche que mi padre nos abandonó... La expresión pétrea de mi madre. No lloró. Se quedó allí pasmada, esperando a que él saliera por la puerta. Esa noche la cambió, después de aquello dejó de ser la madre cariñosa que era. Se volvió dura y distante, infeliz.
Pero ella se quedó y él no.

After #2

Hardin
No siento el asfalto helado bajo mi cuerpo ni la nieve que me cae encima. Sólo noto el agujero que me desgarra el pecho. Me arrodillo desesperado viendo cómo Zed arranca el coche y sale del aparcamiento con Tessa en el asiento del acompañante.
Nunca lo habría imaginado, ni en mis peores pesadillas habría pensado que podría sentir un dolor semejante. El dolor de la pérdida, lo llaman. Jamás había tenido nada ni a nadie de verdad, jamás había sentido la necesidad de tener a alguien, de hacer a alguien completamente mío, de
aferrarme a alguien con tanta intensidad. El pánico, el puto pánico que me da perderla, no entraba en mis planes. Nada de esto entraba en mis planes.
Iba a ser coser y cantar: me la tiraba, me ganaba una pasta y el derecho a restregárselo a Zed. Punto pelota. Sólo que no fue así. La rubia con faldas largas que hace listas interminables de tareas pendientes se me fue metiendo bajo la piel hasta que estuve tan loco por ella que ni yo mismo me lo creía. No me di cuenta de lo enamorado que estaba de ella hasta que me encontré vomitando en el lavabo después de haberles enseñado a los cafres de mis amigos la prueba de su virginidad robada. Fue horrible y lo pasé fatal..., pero eso no me impidió hacerlo.
Gané la apuesta pero he perdido lo único que ha conseguido hacerme feliz en la vida, además de todas las cosas buenas que me hizo ver que yo tenía. La nieve me está calando la ropa y me gustaría culpar a mi padre por haberme pasado su adicción; me gustaría culpar a mi madre por haberlo aguantado demasiado tiempo y haber ayudado a crear a un crío de tarados; y también culpar a Tessa por haberme dirigido la palabra alguna vez.
Joder, me gustaría culpar a todo el mundo.
Pero no puedo. Lo he hecho yo solito. La he destrozado a ella y también lo que teníamos.
Sin embargo, haré lo que haga falta, sea lo que sea, para compensar mis errores.
¿Adónde irá ahora? ¿Podré volver a encontrarla?

After #1

Desde nuestro primer encuentro, Hardin cambió mi vida de una manera que ningún curso de preparación para la universidad ni ningún grupo de lectura para jóvenes lo habría hecho. Aquellas películas que veía de adolescente pronto se convirtieron en mi vida, y sus ridículas tramas pasaron a formar parte de mi realidad. ¿Habría hecho las cosas de manera diferente de haber sabido lo que estaba por llegar? No estoy segura. Me gustaría poder dar una respuesta directa a eso, pero no puedo.
A veces me siento agradecida, tan absolutamente perdida en el momento de pasión que mi juicio se nubla y lo único que veo es a él. Otras veces pienso en el sufrimiento que me causó, en el profundo dolor por la pérdida de mi antiguo yo, en el caos de esos momentos en los que me sentía como si mi mundo estuviera patas arriba, y la respuesta no es tan sencilla como lo fue en su día.
De lo único de lo que estoy segura es de que mi vida y mi corazón jamás volverán a ser los mismos, no después de que Hardin irrumpiera en ellos.